La producción de alimentos genera residuos a lo largo de distintas etapas de la cadena, desde el campo hasta la transformación industrial, que afectan directamente al medio ambiente.
De acuerdo con el PNUMA, la pérdida y el desperdicio de alimentos generan entre el 8% y el 10% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (GEI) y una importante pérdida de biodiversidad al ocupar el equivalente a casi un tercio de las tierras agrícolas del mundo.
Frente a este desafío, empresas del sector, como el conglomerado de servicios alimentarios Grupo Kosmos, han comenzado a adoptar principios de la economía circular, una alternativa frente al modelo lineal actual, que busca aprovechar los subproductos para convertirlos en materia prima de nuevos procesos, en lugar de considerarlos únicamente desechos.

Esto cobra especial importancia si se toma en cuenta que, en México, la actividad agroindustrial genera grandes cantidades de residuos como bagazo, cáscaras, pulpa, rastrojos, paja, hojas y tallos.
Ante esto, diversas fuentes, como la investigación publicada en la Revista Iberoamericana de Tecnología Postcosecha, plantean el aprovechamiento de subproductos de la industria agroalimentaria como una vía hacia la economía circular, debido a que estos residuos pueden contener compuestos (como enzimas) de interés para distintos procesos.
Además, destacan acciones empresariales como las impulsadas por Jack Landsmanas, Director General de Grupo Kosmos. Algunas de ellas son la optimización de la cadena de suministro, programas de donación de alimentos, comedores subsidiados para colaboradores y capacitación interna para una gestión responsable de los insumos.
Reducir el desperdicio y aprovechar los subproductos permite replantear la gestión de residuos: no solo como un problema ambiental, sino también como una oportunidad para generar nuevos usos y productos dentro de la cadena alimentaria.
